miércoles, 9 de marzo de 2016

EL (MARAVILLOSO) DESORDEN DE MI CASA

desorden casa niños

Desde que ha nacido gordote, me faltan horas en el día, soy caos, mi casa goza de un desorden desconocido hasta ahora y sólo soy capaz de aprovechar esos ratitos que él duerme.

Y lo mejor es que me da igual.


Digo mejor y no peor porque así me lo dicen mi madre y mis tías: que disfrute, que disfrute al máximo de gordote, que si hoy no paso el polvo, o mañana no barro el suelo, o se me olvida poner esa lavadora, o dejo acumular un poco de plancha...no pasa nada. Y así lo estoy comprobando.

No pasa absolutamente nada.

Y en realidad pasa todo, y es que cada día que paso con él es increíble. Descubrirle una nueva cara, ver cómo crece, cómo cada día descubre una cosa, cómo se comunica conmigo, cómo nos entendemos, cómo intenta medir fuerzas y ver cómo lo resolvemos. Es un bicho. Ser madre no es fácil, pero nunca diré que no es lo mejor que me haya pasado en la vida.

Ayer mientras estaba sentada en el sofá escribiendo, con gordote en brazos, me di cuenta de que había un sillón lleno de ropa por planchar, que la hamaquita estaba en mitad del salón, que había sonajeros en la estantería y en la mesita, que la muselina de la última toma estaba en el otro sillón, que el cuadro que quería haber colgado este fin de semana seguía encima de la mesa y que las rosas que JC me regaló por San Valentín ya casi están secas.

Entonces me puse a pensar y me di cuenta de que tampoco había barrido ni fregado el suelo, que había empezado a pasar el polvo pero el bebé lloró y me quedé a medias. Que la ropa que le haga probado a gordote y que al final no le puse estaba sin guardar.  Que el zapato que se le cayó no estaba en el armario guardado.

Y me dio igual.

Y me alegré. Me alegré porque meses atrás ( y días, si os soy sincera) me hubiese puesto negra por no hacer todo lo que "tengo" que hacer. Por faltarme horas. Ser madre es lo que tiene: un mini hombrecito depende de ti las 24 horas del día, y no sólo para comer. Quiere jugar, estar contigo, dormirse en tus brazos, que le hagas reír, que le saques de paseo. Y yo no puedo (ni quiero) decirle que no, y menos por tener la casa a punto.

Hay días muy duros que no puedo casi ni cepillarme lo dientes, que está pesado, que no se aguanta ni él, que sólo llora, que tiene sueño y no se duerme, que sólo le calma la teti, que mis nervios están a flor de piel, que me siento desbordada, que me quiero tirar por la ventana, pegar cuatro gritos como una loca y salir corriendo...pero incluso esos días en que siento que voy a explotar, merecen la pena con él. Y esa es mi realidad y no voy a negar que en mi vida haya días así. Porque los hay. Y si encima tenemos crisis de crecimiento la cosa va a peor.

Pero lo cierto es que el suelo lo voy a poder barrer siempre, pero los días que me pierda ahora ya no volverán.

Por eso mamás, no nos carguemos con más obligaciones que las que realmente importan. Un día una cosa, otro día otra, aprender a hacer magia para que los días se estiren un poquito más. Cuando ellos duermen, empieza el mini ratito de mamá.

Eso es crecer. Eso es educar. Y eso es amar.

Y yo a él le amo con todo mi yo.

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