domingo, 7 de febrero de 2016

DESDE QUE ESTÁS TÚ, MAMÁ TIENE MIEDO

relato maternidad

Hoy quiero dedicarte, otra vez, y ya van unas cuantas desde que estabas dentro de mí, unas palabras, y es que desde que has nacido, la que escribe se muere de miedo.

Dicen que algunas mamás somos demasiado protectoras, y puede ser. Yo no me considero muy protectora, me considero la más protectora, y si pudiera, te evitaría todo daño, todo sufrimiento, cada lloro, cada dolor o lamento. 

Sé que es imposible, y que vivirás tu vida con todo lo que ello implica, crecerás riendo pero también llorando, te dolerán los dientes y algún día vendrás casa llorando cuando te rompan el corazón (espero que ese día no te encierres en tu cuarto, y me dejes compartirlo contigo).

Cada vez que tú lloras, a mí se me parte el alma. Sé que a veces me desespero porque no te entiendo, no sé lo que necesitas, lo que quieres. Espero que me perdones, pero eres tan bebé y yo tan nueva en esto que también tengo que aprender, aunque te confieso que desde la última vez he aprendido que a veces lo único que necesitas es que tenga paciencia, que solo quieres dormirte en mi pecho, que no te deje solo en la cuna, que te tenga cogido. Son esos momentos los que me agotan pero los que me hacen tremendamente feliz, los que me hacen crecer como mamá, los que hacen que sólo tú y yo tengamos la suerte de vivir lo que vivimos. Además me siento la más afortunada del mundo porque soy la única que puede calmar tu llanto, que soy la que tiene el privilegio de ver cada despertar tuyo, de ser la primera en descubrir qué quieres, qué necesitas, de ser la única que sabe lo que dices sin hablar. Poco a poco me enseñas, yo aprendo, y sólo nosotros participamos de eso. Supongo que cuando hablan de la magia de ser madre se refieren a eso.

Los momentos que estoy viviendo contigo estas semanas son así, mágicos, no los cambiaría por nada del mundo, soy feliz de tenerte, de ver cómo me miras, de sentirme la mujer más importante del mundo para alguien tan pequeño pero tan grande como tú. 

Pero a la vez, y aunque no te lo creas, soy la mujer más temerosa, la más vulnerable. Tengo miedo de todo. No soy capaz de ver las noticias sin sufrir por los que sufren, me da miedo no hacerlo bien, me da miedo que te pongas malito y no saber atenderte, me da miedo que sufras, me da miedo, terror, de que algún desalmado se cruce en tu camino. Me encantaría que alguien viniera y me dijera: Tranquila Nuria que JC tendrá una vida plena, segura, sin mayores sufrimientos que los que la vida misma presenta, que no tendrá dramas, que será muy feliz.

Creo que eso es lo que me da miedo. No tener el control absoluto para asegurarte la felicidad y la seguridad que sólo te puedo asegurar estos meses que dependes de mí, que algún día serás tú el encargado de hacer tu camino.

Supongo que en este punto, como madre, lo único que puedo hacer es crecer, y es que desde que has nacido yo también crezco: como persona, como mamá... cada día aprendo una o mil cosas, maduro, entiendo cosas que antes se me escapaban, procuro ponerme en el lugar del otro, cosas que antes eran importantes, ahora son banales, cosas que antes se me pasaban por alto, ahora son imprescindibles ... y todo por ti.

Supongo que tengo que ser crecer para ayudarte a ti a hacerlo. Supongo que tengo que enfrentarme a mis miedos para enseñarte cómo se hace. Supongo que tengo que encarar la vida como es, vivirla como lo hacía hasta ahora, compartirla contigo, hacerte partícipe de mi vida tal cual es, con naturalidad, para que que vivas la vida plena, sin miedos infundados por mí, sin más preocupaciones que las que te vayan tocando según tu edad. 

Supongo que mi misión en la vida es protegerte en la sombra, sin que te des cuenta, ayudarte a crecer feliz, libre y sin mayores miedos que los que corresponden, confiado, enamorado de la vida... Ya llegará el momento en que te tengas que preocupar como hoy lo hago yo, tener miedo de lo que le pueda pasar a un pequeño que dependa de ti, sentirte frágil y débil, totalmente vulnerable como lo hago yo ahora, pero hasta entonces, sólo preocúpate de ser feliz.

relato maternidad

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